domingo, 17 de junio de 2012

Mariano Moreno muere en altamar


Ya era la decimoctava vez que cantaba el himno entre sollozos y eso que aún el barco no había zarpado. No se como pude soportar los primeros días de viaje con el tarado de Mariano. Todos me congratularon por mi matrimonio con uno de los líderes de la patria, no se imaginaban lo que yo sufría con cada noche al despertarme abruptamente por una espontánea exclamación patriota de mi marido. O con sus orgasmos culminados en un “¡Qué viva la liberación de los pueblos del sur!”. Y eso no era todo, su amor argentino llegaba más lejos, alcanzando límites inconcebibles: las restricciones en la vestimenta eran múltiples, era obligatorio el uso de la escarapela incluso en mi robe de chambre, dejamos de ir a la Iglesia, y nos obligaba a mí y a toda la servidumbre a gritar tres patrias nuestros antes de cada comida. Otra diría que estas son molestias menores, fáciles de ignorar al estar ante una personalidad tan importante como Mariano Moreno, pero a los seis meses de casados yo ya no podía con mi alma, y un viaje en barco al viejo continente nos mantendría demasiado cerca por más tiempo del soportable.
Cuando nos alejamos del puerto hubo dos días de duelo por el distanciamiento de la patria amada, mi marido se vistió de luto y me presionó, con lágrimas en los ojos, para que lo imitara. No tuve más remedio que acceder a su pedido, descarté todos mis vestidos y pareos especialmente seleccionados para disfrutar de las playas de Grecia y me puse obscuros ropajes poco reveladores, que convertían a mi figura estilizada en una amorfa masa negra.
Decidí que ese era mi límite, no podía dejar que esto llegara más lejos. Esa misma noche rocié su almohada con cloroformo. Toda la tripulación, una manga de ignorantes, se convenció de su muerte. El cuerpo fue arrojado al mar envuelto en la bandera que tanto idolatró, ya que “una dama no debería respirar el aroma a putrefacción de un cadáver descomponiéndose”(cita requerida). Grecia estaba esperándome. 



Sofía Rada
Valentina Di Pietro
Francisca Álvarez

martes, 13 de diciembre de 2011

Reflexión

¿Qué estoy haciendo acá? ¿Por qué lo hago? ¿Quién me obliga?. Debo guiarme por mi mismo, mis sentimientos me llevaran a la respuesta. Ellos me confunden, es una estrategia. Debo salir. No puedo bajar los brazos. Lo intentaré...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Reflexión

¡¿Qué carajo les pasa?! Me empujan una vez mas y... te juro que... dios mio.... Encima me ensucié toda la camisa, recién planchadita estaba. Qué pena. Todo por esta manga de...

Bueno vamos, que se le va a hacer... A la salida los mato.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Tiempos Modernos

Tiempos Modernos
( Tobogán al fondo. Entra un hombre sin dejar de mirar al público.)
Hombre:  El tiempo pasa, y dejo. Primero dejo de reír, despues dejo de querer y por último dejo de vivir. Eterno, cuesta escuchar esa palabra. Me parece que,  tendría que aprovechar un poquito mas. 
(Caen muchos relojes del tobogán. Entra un niño y agarra uno de los relojes, juega un rato con el y luego se para al lado del adulto.)
Niño: Hoy a la tarde voy a visitar a mi abuela, me va a hacer fideos con manteca, mi comida favorita.
(Suenan alarmas de todos los relojes simultáneamente. Los dos juegan juntos durante diez minutos.  Diez minutos después el hombre se para mientras el ninio juega.)
Hombre: Me parece que hoy me voy a visitar a mi mamá, y a mis hermanos. (Saca un turrón del bolsillo y se lo come mirando al público. Al finalizarlo se va. Se cierra el telón)

sábado, 10 de diciembre de 2011

"Rinoronte"

Año 2387, El Lógico, Juan, El Caballero Anciano y Berenguer en un café.

Juan.- ¿Viste lo que pasó con los bichos esos?
Berenguer.- ¿Qué bichos?
El Lógico.- Yo supongo que estarás hablando de los "animales", ¿no?
Juan.- ¡Si! Los "animales". Exacto.
El Caballero Anciano.- En mi época había muchos mitos sobre los animales. Algunos vivían donde nacían, con  su familia; y otros eran atrapados y vendidos para que la gente los tenga en sus casas.
Berenguer.- Pero, ¡qué horrible!
Juan.- Sí, pero no me dejaron terminar. Parece que unos científicos tienen a un "rinoronte" congelado pero no sé si lo pudieron descongelar. Lo iban a hacer hoy.
El Lógico.- ¿Rinoronte?
El Caballero Anciano.- ¡Rinoceronte! Ya sé cuáles son. Son enormes, con un cuerno en el medio de la cara. Y decían que eran muy agresivos.
Juan.- Sí, yo vi unas imágenes que pusieron en la T.V redonda.
El Lógico.- Pero ¿qué es esto?
Juan.- (Se pone en pie, derribando la silla, mira hacia los bastidores de la izquierda de donde proceden los ruidos de un rinoceronte que pasa en sentido inverso) ¡Oh, un rinoceronte!
El Lógico.- (Se levanta derribando la silla) ¡Oh, un rinoceronte!
El Caballero Anciano.- (Levantándose y derribando su silla) ¡Oh, un rinoceronte!
Berenguer.- (que sigue sentado pero que está algo más despierto) Rinoceronte en sentido inverso...
La Camarera.- (Que sale con una bandeja de vasos) ¿Qué es ello? ¡Oh, un rinoceronte! (Deja caer la bandeja de vasos; los vasos se rompen)
El Dueño del Café.- (Saliendo a la calle) ¿Qué ocurre?
La Camarera.- (Al dueño) ¡Un rinoceronte!
El Lógico.- ¡Un rinoceronte... corriendo por la acera de enfrente!
El Tendero.- (Saliendo de la tienda) ¡Oh, un rinoceronte!
Juan.- ¡Oh, un rinoceronte!
La Tendera.- (Asomando la cabeza por la ventana que hay en el piso alto de la tienda) ¡Oh, un rinoceronte!
El Dueño del Café.- (A la Camarera) ¡Eso no es motivo para romper los vasos!
Juan.- Va a toda prisa, con la cabeza baja como si quisiera acometer, tropieza con los puestos.
El lógico.- Al parecer pudieron descongelarlo... ¿no?


Camila Herrán y Lara Wolkowicz

"Rinoceronte"

Año 2387, El Lógico, Juan, El Caballero Anciano y Berenguer en la mesa de un bar.

El Lógico.-  ¿Y? ¿Qué les pareció el experimento del Dr. Loco?
Juan.- Arriesgado, ¿Tú? (Señala al Caballero Anciano)
El Caballero Anciano.- Opino lo mismo, y certifico que no esta tomando las precauciones necesarias.

(Berenguer que esta batallando el sueño, se reincorpora un poco para participar de la conversación)

Berenguer.- Disculpen pero, ¿De qué se trata específicamente este experimento? No pude escuchar una sola palabra de lo que decía, estaba muy concentrado en mi siesta.
El Lógico.- Nuestro amigo el Dr. Pretende con su nueva maquina llenar la ciudad de animales de la prehistoria. A decir verdad no creo que funcione…
Juan.- Para mi que si va a funcionar, eres muy pesimista….
Berenguer.- Ya verás tonto! (Agrega al azar, careciendo de sentido)

(El Lógico se dispone a darle un sorbo a su taza de café cuando esta se cae al piso)

El Lógico.- Pero ¿qué es esto?
Juan.- (Se pone en pie, derribando la silla, mira hacia los bastidores de la izquierda de donde        proceden los ruidos de un rinoceronte que pasa en sentido inverso) ¡Oh, un rinoceronte!
El Lógico.- (Se levanta derribando la silla) ¡Oh, un rinoceronte!
El Caballero Anciano.- (Levantándose y derribando su silla) ¡Oh, un rinoceronte!
Berenguer.- (que sigue sentado pero que está algo más despierto) Rinoceronte en sentido inverso...
La Camarera.- (Que sale con una bandeja de vasos) ¿Qué es ello? ¡Oh, un rinoceronte! (Deja          caer la bandeja de vasos; los vasos se rompen)

El Dueño del Café.- (Saliendo a la calle) ¿Qué ocurre?
La Camarera.- (Al dueño) ¡Un rinoceronte!
El Lógico.- ¡Un rinoceronte... corriendo por la acera de enfrente!
El Tendero.- (Saliendo de la tienda) ¡Oh, un rinoceronte!
Juan.- ¡Oh, un rinoceronte!
La Tendera.- (Asomando la cabeza por la ventana que hay en el piso alto de la tienda) ¡Oh, un rinoceronte!
El Dueño del Café.- (A la Camarera) ¡Eso no es motivo para romper los vasos!
Juan.- Va a toda prisa, con la cabeza baja como si quisiera acometer, tropieza con los puestos.

(Berenguer se levanta y acota con entusiasmo)

Berenguer: ¡¿Ajá estupidos, quién es el rey ahora?!

(Todos lo miran desconcertados y un momento después el rinoceronte azota la mesa pasando inadvertido por el comentario de Berenguer, todos mueren)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Reflexión

¿Por qué me metieron en este lugar? Y, ¿por qué me llaman y me vuelven a empujar? No entiendo qué es lo que estan intentando hacer. ¿Qué quieren probar? ... Ya desistí, voy a hacerme el boludo a ver si me dejan salir.

Camila Herrán