Clásica despedida. Los pibes sacados, excitadísimos, cubiertos por una bandera enorme y siempre al grito de: "¡Bariló, Bariló!". Los viejos gritando recomendaciones, sacando fotos y con los ojos llenos de lágrimas al ver a sus pollitos tan crecidos. Todo eso me esperaba, eso me habian contado.
Una escena 100% distinta me encontré al llegar al hipódromo, desde donde salia el micro. Esta vez estaban los padres pidiendole fotos a los pibes, más contentos que cualquiera. Los veia con cantimploras y riñoneras colgadas, gorros tipo piluso y bolsos al hombro. Podés creer ¡Nuestros jovies venían al viaje loco!
Cuando miré a mis compañeros no parecian tan extrañados , estaban callados, con caras de tedio y un poco de verguenza ajena, cada uno tratando de ocultar la ridiculez de sus respectivos padres.
El viaje fue una porquería. En vez de canciones, ronquidos, en vez de celulares en altavoz con una buena música cachengue, tapones para los oídos. Pero finalmente llegamos, y mis esperanzas de fiesta y minas seguia en pie, firmes en el bocho. Bajamos del micro y no te puedo explicar el ofri que hacia. Pero mal, recuerdo haber escuchado aldo de -15° C de sensación térmica. Nos metimos corriendo al hotel. Bah, lo que pasaba que iba a ser un hotel. Escuchá esto, era un complejo de bungalows, y nos mandaban a cada uno a dormir con su familia. ¿Cómo iba a llevar una piba si iba a estar mi mamá ahí, tomandose unos mates a las 6 am?
Cuando nos terminamos de acomodar nos trajeron algo para "calentar el estomaguito". Imaginate, yo a punto de sacar el Branca de la valija y me traen un tecito de manzanilla con miel. Me quería matar....
Te cuento la primer , y de las otras prefiero ni hablar ni hablar, porque fueron un fracas total. Bingo. Al bingo nos mandaron loco. Un mamarracho. Yo quería ir a Cerebro, a Grisú, a tomarme la vida, a hacer una guerra de empresas en el cheboli, y me meten de prepo en el "Bariloche Bingo" con Arjona de fondo y con minas de una franja etárea bastante elevada.
Para que no se te vayan las ganas de vivir no te voy a seguir contand mucho detalle, los días siguieron así, entre partidas de burako, arroz y bicicleteadas nocturnas. Ese viaje definió mi futuro, ahora tengo 26 años y soy el dueño de la empresa de turismo estudiantil "Baxtter", y es el día de hoy que una vez por año me voy con algún grupo a Bariloche, a disfrutar con los pibes lo que no pude vivir yo como egresado.
Rada, Sole
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