viernes, 10 de junio de 2011

Anestecia.

Cuando María entró a la oficina de la Asociación contra la violencia de género, Juliana quedó impactada: embarazada de nueve meses, jóven y tan lástimada. Ese mismo día dio a luz. De urgencia, Juliana la acompañó al hospital donde la asistió en el parto. El dolor de María era inmenso: sus heridas internas no le permitían el satisfactorio trabajo de parto; y las cosas se complicaron cada vez más. Juliana no soportaba verla sufrir y al extraerle el niño la adormeció en un sueño del que jamás despertaría.
Años después le tocó a Juliana.
Ella lo sabía. Sabía que le iba a pasar. Buscó que el destino le de lo que ella dio.
El mejor día de su vida ella se fue, se fue a un lugar mejor, pero a vivir sin su razón de ser por un tiempo. Lo hizo sin dolor. El único tormento que sufrió fueron las contracciones y los dolores, el saber que era su fin. Aquel ángel que la vio y se compadeció de ella le dijo el mejor fin.
Ella siempre se ocupó de anecteciar a sus pacientes para que su muerte, en el mejor día de sus vidas sea la más agradable, sin sufrimiento. Hoy le tocó a ella, su hijo varón sabrá que murió feliz, que su única alegría antes de morir fue él.
Algún día, en algún lugar, ellos se van a encontrar, y esta vez él va a poder abrazarla.



Cami Calvo y Giu Rodriguez.



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