Hubo un época en la que una nación llamada Turknisthán, se vió sumergida en un profundo océano de pobreza, conflictos económicos y desempleo, que provocó la disconformidad de un pueblo humilde, y su violenta salida a las calles en una desesperada búsqueda de respuestas. Al poco tiempo, y luego de la incontrolable situación de presión provocada por el pueblo, las fuerzas armadas irrumpieron en el gobierno y despojaron salvajemente al presidente de su poder, imponiendo desde este preciso momento, un régimen de autoritarismo y tiranía. Pero aún no se había dado a conocer el hombre más temible y autor de la más horripilante massacre jamás producida. A la sombre de este rotundo golpe al estado, se encontraba el futuro dictador de Turknisthán: el abominable Sadam Smith. Este hombre de dudosa humanidad, se le consideró como la brutal y perfecta personificación de la guerra. Su gestión comenzó a teñirse de la sangre de todos aquellos que habitaban el territorio Turknisthán y discrepaban con sus firmes ideales inspirados en el fascismo. En aquel momento, Sadam Smith era acompañado por dos jefes de las fuerzas que fueron apodados por el sometido pueblo como "Deimo y Fobo". Ellos contribuyeron fuertemente con su reino de temor. Años más tarde, se formó la apodada Fuerza Liberadora de Turknisthán (F.L.T.), y con ayuda de los ejércitos aliados del oriente lograron recuperar la libertad de manos de Smith, y restaurar de esta manera, un nuevo período de vuelta a la democracia. A partir de ese momento, nació una leyenda que contaba que el día en que la F.L.T. derribó las puertas de la casa de gobierno, se oyó el terrible y furioso alarido de Smith proveniente de las profundas habitaciones en las que solía merodiar Sadam Smith.
Diario Clarín: "Impresionante e impactante", Diario La Nación: "Obra maestra de dos genios de la literatura argentina", Diario Crónica: "Para chuparse los dedos, papeles al día, nunca taxi. Una joya!!".
Agustín Sanchez y Tomás Cattaino.
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