martes, 6 de diciembre de 2011

El Egresado

Después de cinco años de espera había llegado el gran día: nos íbamos de viaje de egresados a Bariloche.
A las once de la mañana ya estabamos mis compañeros y yo en el hipódromo esperando al micro, con nosotros,  nuestros papás que se habían esforzado muchísimo en pagar cada una de las cuotas para que el viaje sea inolvidable. Eran 11:45hs y el micro todavía no llegaba, nosotros, exaltadísimos, no parabamos de cantar 'que vengaa, que venga' pero no, no llegaba. Los padres, preocupados, llamaban a la empresa sin cesar pero nadie contestaba, ni siquiera los coordinadores que nos decían que estaban disponibles para nosotros todo el día. 
Hasta que llegó (¡a las 12:30 del mediodía!). Cuando estacionó nadie lo reconoció, es más, un padre le fue a decir al chofer que lo corra ya que el lugar estaba reservado a lo que el chofer le contestó 'vieja, yo estaciono donde quiero porque este es el micro de los pibes', cuando dijo eso todos nos quedamos sorprendidos; habíamos pagado por un micro de dos pisos, ploteado por fuera con la marca de la empresa, Play Station, T.V pero lo que llegó no se asemejaba en nada: micro escolar, naranja, con olor a cigarrillo Parliament del chofer, los acientos rotos ¡era peor que viajar en un colectivo de línea de la Zona Sur!. Los padres estaban furiosos pero nada importó, queríamos llegar a Bariloche ya, no importaba si íbamos caminando, así que, subimos.
La duración del viaje era de, aproximadamente, 24hs, pero el micró se rompió seis veces y nunca teníamos señal en los teléfonos para comunicarnos, entonces, teníamos que esperar a que algún camión se apiadara de nosotros y nos ayudara... Llegamos al hotel, era hermoso en las fotos, cinco estrellas, pileta climatizada, televisores plasma en las habitaciones, un sueño. Paramos en un hotel llamado "El Revoltoso", todos pensamos que el chofer bajaría a buscar comida y seguiríamos viaje, pero no fue así... El hotel era horrible, viejo, con olor a humedad y manchas de humedad con moho en las paredes, no había televisores ni computadoras, tampoco había cortinas en las habitaciones, así que había que dormir con una almohada en la cabeza para no ver la luz, terrible. 
Preferimos no decir nada, sabíamos que nos estaban cagando, pero ¿a quién le importaba? lo único que queríamos era descontrolarla. Y llegó la primera noche, las chicas, horas produciendose (horas porque la ducha tiraba un hilo de agua y se complicaba bañarse), los chicos bien vestidos para salir a romper la noche en los típicos boliches de Bariló con todos los egresados. Fuimos al boliche con un micro que nos pasó a buscar, por afuera, era horrible pero entramos todos eufóricos, cantando sin parar aunque nos parecía raro que no hubiese ni un egresado de otro colegio en la puerta. Globos, un castillo inflable, piñata, Coca- Cola, papas fritas y una bandera gigante que decía 'Felicidades, egresados'. Nos queríamos morir. Era como volver a 6to grado, parecía una joda pero era la verdad: nos estaba pasando todo lo contrario a lo que soñabamos, en vez de ser "el viaje del descontrol" era el viaje de un nene de jardín. No aguantamos más la bronca y fuimos a quejarnos, llamamos a nuestros viejos y ellos desde Buenos Aires arreglaron todo. Al día siguiente vino un micro (mejor que el otro) con nuestros viejos arriba, venían a buscarnos....
La empresa quebró después de los juicios que les hicimos pero los seis mil pesos del viaje que cada uno pagó nunca más los vimos.
Hoy, 40 años después, nos reunimos con mis ex-compañeros y nos reímos, pero, a la vez, la bronca de cómo nos estafaron sigue...


Guillermina Faust
Agustín Sanchez

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