Es el segundo día, hasta ahora nada de lo que me contó mi hermano pasó. Cuando estábamos en el micro, nos encontramos con que había dos play stations para los treinta chicos del curso y nos tocaba jugar cada tres horas. Lo peor, fue que cuando jugábamos, una fuerza sobrenatural hacía que perdiéramos el equilibrio y que cayéramos el suelo: así terminaba nuestra partida. Todos insistían en que el chofer agarraba la mayoría de los baches de la ruta cuando jugaba alguien que le caía mal (si era así, era claro que a mí me odiaba), pero yo estoy seguro de que algo más nos arrojaba al suelo.
Cuando estábamos en las aerosillas, observamos que no había árboles, no había nieve, no había gente esquiando. No había tal paisaje descrito por mi hermano. Ens u lugar había árboles talados, cataratas de agua proveniente del deshielo inundando los 'bosques' arruinados por la deforestación y gente haciendo surf desde algún punto de la montaña.
Es increíble que Zord, mi archienemigo, haya descubierto mi punto débil. Él quiere arruinar mi viaje de egresados, mi viaje tan ansiado, mi gran debilidad. Estoy seguro de que tuvo que ver con las fuerzas extraordinarias del micro y con el cambio de paisaje.
-Dale Mario, despertate. Legamos tarde a esquiar. Los árboles están llenos de nieve y de tantas personas que hay esquiando, seguro no nos va a quedar lugar.
Giuliana Rodríguez, Libertad Noce
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